Devastada era la palabra perfecta para definir su estado emocional en
aquellos momentos. Todo estaba mal y ya no le quedaban fuerzas para seguir. Esa
mañana le habían entregado la nota del examen para el que se había preparado
durante dos largas y estresantes semanas, desvelándose durante noches. Ahora
podía ver que tanto sacrificio había sido en vano, ya que frente a sus ojos
brillosos por las lágrimas podía ver el 4 que anunciaba su fracaso.
Eso no era todo, ya que durante esas
benditas semanas se había negado a salir con su novio en varias ocasiones por
el estudio. En un principio, él había entendido sus razones pero luego comenzó
a insistirle nuevamente para que saliera con él, para “distraerse”.
Como
si ella tuviera tiempo para hacer semejante cosa. El hecho de que no la
entendiera los había sumergido a ambos en una angustiante discusión por la cual
ahora no se dirigían la palabra. No era el mejor momento para pelearse con el
que había sido su mejor amigo durante años, no ahora cuando su abuela, la única
que le quedaba, luchaba por su vida.
Hacía catorce días desde que la habían
internado y las cosas no parecían mejorar. Pero su abuela era una luchadora y
no se rendiría tan fácil, no sin antes dar pelea. Su abuela siempre había
jugado un papel importante en su vida, le había enseñado mucho y ahora que la
vida se empecinaba en tratar de quitársela Lourdes sentía que estaba muriendo
por dentro.
Pero
no podía darse el lujo de ser débil, tenía que continuar con su vida, con sus
estudios para construirse un futuro. ¿Pero cómo podía continuar con su vida
cuando toda su vida estaba postrada sobre una cama muriendo? ¿Y qué si no
quería un futuro en el que su abuela no estuviera incluida?
Cuando juntaba las fuerzas suficientes era
capaz de reconocer que las razones de su fracaso, de la pelea con su novio y
todo lo que estaba mal con su vida conducían al estado crítico de su abuela.
En el fondo sabía que no lo había conseguido
porque mientras memorizaba esos aburridos textos, su cabeza y su corazón se
encontraban con su abuela. Mientras que por el otro lado, sabía que si estaban
peleados con su novio era por su culpa, ella había sido la que lo había tratado
mal. Lo que él no entendía realmente era que ella no podía ser ayudada, no
había nada que él pudiera hacer para acabar con el dolor con el que ella debía
convivir a diario. No había distracción alguna que pudiera sacar de su cabeza y de su corazón la posibilidad
de perderla.
Mientras caminaba a casa solo podía pensar
en una cosa: dormir. Mientras dormía era el único momento del día en que su
cabeza dejaba de taladrarle con pensamientos angustiantes. Llegó y fingió una
media sonrisa para su madre que la esperaba con la comida preparada.
-¿Estás lista? -le preguntó su padre
mientras comía.
-¿Para qué?-le preguntó sorprendida.
-Iremos a ver a tu abuela, el medicó llamó,
está mucho mejor de lo que cualquiera de ellos hubieran imaginado.
Entonces, Lourdes sonrió por primera vez
después de catorce interminables días. Fue una sonrisa genuina porque ahora
tenía un verdadero motivo para sonreír; porque había esperanzas; porque su
abuela estaba luchando para permanecer con ellos; porque Dios no había olvidado
a su familia después de todo, y había escuchado sus plegarias.
En ese momento, supo que hacer. Llamó a la
primera persona a la que se moría por contárselo, su novio, y al oir su voz
supo que todo estaría bien.
Su
abuela una vez más y sin proponérselo le estaba enseñando una nueva lección de
vida y ésta era: de nada sirve que te quejes por cosas insignificantes y te
olvides de vivir, en lugar de concentrarte en lo negativo deberías enfocarte en
las razones que la vida te da para sonreír, porque mientras algunos se quejan
de la vida muchos otros luchan para conservarla.
Fin
-Cuento corto ganador del concurso "Letras del Face 3" publicado por Editorial Dunken-
¡Gracias por leer!
Joha
Fin
-Cuento corto ganador del concurso "Letras del Face 3" publicado por Editorial Dunken-
¡Gracias por leer!
Joha
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